Lo que sale de nuestra cocina hacia nuestras hambrientas panzas, pasó por el riguroso control casero. Pero no siempre comemos de esa forma. Lo que proviene de un kiosco o de un local de comidas rápidas, escapa de nuestra vista. Goma laca, tendones y amoníaco. Algo de eso comiste hoy.

El instinto humano es sabio. Y si fuera por nuestra naturaleza o “sabiduría” ancestral, lo lógico sería pensar que si algo se fabrica en serie, implica un proceso químico altamente industrializado, viene adentro de una bolsa ya preparado y no se parece mucho a la comida tradicional, entonces no es comida.

Años, décadas y siglos, nos enseñaron a confiar más en un cartel publicitario que en nuestro sano juicio. Es por eso que desde la refinación del azúcar hasta la soja transgénica, nos hemos habituado  a comer lo artificial por lo natural, ignorando de qué está hecho. Ese misterio se devela ahora.

 

 

Caramelitos de goma.

Deliciosas y adictivas, qué más podemos pedir? Saber con qué se hacen!
Las gomitas, además de ser coloridas y amigables, son las enemigas número uno de los dientes junto con los chicles. Su “gomosidad” hace que se metan por los lugares más recónditos de las muelas, para depositar ahí, donde no llega el cepillo de dientes, el azúcar que las recubre.

 

Como si esto fuera poco (y para desgracia de los veganos) las gomitas están hechas a partir de extractos animales como cartílago, pieles y secreciones glandulares. “Estos caramelos adquieren su textura gomosa tan característica. Provienen de pieles de animales y cartílagos.” Para resaltar sabores frutales o de vainilla, se utiliza castóreo. Una secreción de los castores, muy olorosa, que usan para marcar su territorio. El toque final, su textura tan particular, se obtiene de la goma laca. La goma laca es producida a partir del residuo de las secreciones del gusano asiático “Laccifer lacca”.
Y eso es lo que te llevas a la boca antes de dormir mirando películas. Qué rico!

 

Salchichas.

Esos misteriosos tubitos de sabor.
Si nos guiamos por la publicidad (ERROR), la carne de las salchis proviene de un inmenso, inmaculado y magro trozo de carne vacuna color carmín. Una poesía alimentaria.

 

Obviamente eso no es tan así. Las salchichas, además de ser un paraíso de calorías y grasas, son una de las tantas comidas de “dudosa procedencia” para el incauto ojo del consumidor.
Recortes de cerdo, mezclados con las sobras de la producción del bacon, el pollo y el pavo. Las sobras de las sobras, para decirlo en pocas palabras. Estos ingredientes se combinan con otros como el agua florada, jarabe de fructosa (altamente adictivo y principal promotor de diabetes tipo 2), sales sintéticas y carmín (un colorante obtenido del procesamiento de algunos insectos en amoníaco).
“Con lluvia de papas, por favor!”

 

Gelatina.

El placebo más perverso cuando estás a dieta.
La gelatina es consumida masivamente por su fácil preparación, precio accesible y por sus “beneficios” para la salud. Es fácil de digerir y si es light tiene poca azúcar (esa palabrita otra vez…), lo que “ayuda” a combatir la gula por helado y esas cosas.

 

A pesar de lo nombrado anteriormente y, como toda comidita que sale de un laboratorio, sus ingredientes plantean dudas sobre si lo queremos en la panza o no.
Tendones de animales. Esa es la prima para la gelatina. Su textura gelatinosa (valga la redundancia), proviene de un proceso de hervido de tejido conectivo de distintos animales y de la obtención de colágeno. Todo esto obtenido gracias a las curtiembres y los mataderos. Estos proveen cueros que son tratados con sales para ser preservados, mientras que las pieles se congelan para ser almacenadas y transportadas.
Los huesos vacunos son recolectados dentro de las 24 horas en las que el animal fue sacrificado. La materia ósea es desgrasada y triturada para luego ser tratadas en ácido. Este baño de fosfato de calcio, convierte a los huesos en “oseína”, un material flexible.
Con los cueros y la oseína listos, estos se someten a una solución de CAL, entre 5 y 10 semanas. Más tarde un complejo proceso de extracción da como resultado una solución esterilizada y filtrada, en forma de granos: el polvo para gelatina…
“Deme dos!”

 

Papas fritas.

Más precisamente las del tubo.
Son incuestionablemente deliciosas, a pesar de ser papas que no son papas.
Aunque suene raro, las papitas fritas de la lata, no están hechas a base de papa. Con el objetivo de escaparle al “impuesto a la papa” en Reino Unido, Pringles alegó públicamente que sus papas son el resultado de una combinación de:

42 por ciento de harina de papa, harina de maíz, almidón de trigo, harina de arroz, grasa, emulsionantes, sal y condimentos.

 

Quizás lo peor de estos y otros snacks, sea que contienen un componente químico blanco, inodoro y soluble en agua, llamado acrilamida. La acrilamida no es precisamente un aditivo, sino más bien, una consecuencia del proceso de cocción a altas temperaturas, de productos con almidón. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por la Agencia Internacional Para la Investigación del Cáncer, la acrilamida es “probable cancerígeno para los humanos.”

En humanos, los estudios epidemiológicos sugieren que el sistema nervioso es asimismo el lugar de acción de la acrilamida. Todavía no se ha demostrado de forma concluyente la relación entre la exposición ocupacional o debida a la dieta, con la aparición de cáncer. Aunque algunos estudios indican una asociación con algunos tipos de tumores, particularmente relacionados con hormonas en mujeres y cáncer pancreático.

Ahora no son tan ricas, no?

 

Hamburguesas.

Las de los locales de comidas rápidas.
Esta comida es por lo menos “sospechosa” desde el vamos. Si se fabrica en serie y tu plato se llama “combo” y es ensamblado en una cadena de producción, como si fuera un auto y viene adentro de una cajita… Tal vez no sea lo más sano del mundo. El pan es grasiento y aceitoso, los nuggets no se saben de dónde salen. Y la carne?

La carne de las cadenas de comida rápida, están hechas de un componente que se lo conoce como Pink Slime o Baba Rosa.
Cuando los frigoríficos procesan la carne, la cortan en las formas más tradicionales. En el caso de la Argentina se separa la media res y otros cortes tradicionales. En Estados Unidos se hace lo mismo. Pero qué pasa con los sobrantes? Una vez obtenidos los cortes, las partes que sobran son las que se encuentran en el tracto digestivo, el espinazo y el recto. Esa carne es tradicionalmente usada para la comida para perros. Pero gracias a un gas de amoníaco, esta carne no apta para consumo humano, es procesada en forma de “carne picada”, envasada en cajas de cartón cubiertas de plástico en su interior, y llevadas a tu Mc o BK más cercano.

La polémica se desató luego de que el reconocido cheff-celebrity australiano Jamie Oliver, develara este secreto públicamente, causando un enorme revuelo. Al poco tiempo, McDonald’s admitió que utilizaba este tipo de carne y anunció que dejaría de hacerlo.

 

Aunque en la Argentina la mayor parte de la carne vacuna que consumimos se produce de forma tradicional, la prima de las cadenas de comidas rápidas, es importada y con origen en Estados Unidos, donde se calcula que el 70% de la carne, contiene Baba Rosa.

 

 

Y vos, ahora que sabés de qué están hechos, vas a seguir comiéndolos?

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Sofia Delpueche

Locutora, periodista.
Soy Editora de este blog. Mirá mis videos en YouTube http://bit.ly/2ksJvOG
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