El Patrón del Mal, la novela que retrata la capo narco más grande de Colombia, es furor en las redes sociales y alcanza los 10 puntos de rating en cada emisión. El carismático personaje se ganó a los televidentes argentinos. Empatía por los criminales. Antihéroes posmodernos. El fenómeno de las narconovelas.

 

Pablo Escobar Gaviria es sin lugar a dudas, una de las figuras más oscuras y despiadadas de la historia contemporánea. Este personaje que inició su carrera delictiva con hurtos y robos menores, fundó y encabezó el temible y (tristemente) célebre Cartel de Medellín.

Algunos de sus signos más distintivos fueron la extrema violencia que utilizaba para exterminar (literalmente) a la competencia y a los traidores, la intervención activa en la política al ocupar una banca en el Congreso, y la construcción de obras públicas para lavar dinero y ganar el visto bueno de los ciudadanos de la Colombia pobre.

Pablo Escobar Gaviria (1949-1993)

Pablo Escobar Gaviria (1949-1993)

Tráfico de drogas, narcoterrorismo y secuestros, son algunas de las actividades que llevaba a cabo el Cartel, creado y liderado por este personaje que hoy, en la piel de Andrés Parra, parece ganar más adeptos que enemigos entre el público.

 

La serie.

“Quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Así comienzan los capítulos de “El Patrón del Mal”. Esta significativa frase, engloba la meta primordial de los autores que llevan adelante el proyecto televisivo: que no se vuelva a repetir un fenómeno como el de Escobar, capo de capos.

“La Parábola de Pablo”, el libro biográfico de Escobar del autor y periodista Alonso Salazar Jaramillo, es la fuente de inspiración de “El Patrón del Mal”. Allí, el también ex alcalde de Medellín (2008-2011), relata el auge y la posterior caída y muerte de quien supo ser el séptimo hombre más rico del mundo, según Forbes,  gracias al clorhidrato de cocaína.

El Patrón del Mal. Serie emitida en 2012 por la señal Caracol. Colombia.

El Patrón del Mal. Serie emitida en 2012 por la señal Caracol. Colombia.

Juana Uribe y Camilo Cano, son los guionistas y productores de la serie emitida originalmente en 2012 por la señal caribeña, Caracol.  Uribe, es hija de Maruja Pachón (una periodista secuestrada en el ’90 por la banda de Escobar) y sobrina del líder político, Luis Carlos Galán (asesinado por sicarios del Cartel de Medellín en 1989).
Por su parte, Camilo Cano es hijo del periodista y fundador del diario El Espectador, Guillermo Cano. También asesinado en manos del cartel de Escobar.

Muerte de Guillermo Cano (1986).

Muerte de Guillermo Cano (1986).

Según lo dicho por los productores, víctimas directas del reino de terror de Escobar en Colombia, el objetivo de llevar a la pantalla chica la historia del narco, era mostrar una visión diferente, más real, cruda y directa del mundo del tráfico, “con nombres propios”. En lugar de usar la fórmula convencional de las novelas, donde se relata el punto de vista de quienes se oponen al narcotráfico.

Camilo Cano y Juana Uribe.

Camilo Cano y Juana Uribe.

A pesar del intento de los productores por mostrar a Escobar como el despiadado hombre que supo ser, el personaje llevado a la ficción cosecha más simpatía que odio, y la serie puso en la agenda mediática la merecida discusión sobre el rol de la tv y los narcos. Al respecto, Uribe explicó al diario La Nación:

Entiendo que hay personas que critican que Escobar es demasiado carismático en la serie y que se logra una empatía en el público hacia él (…). Frente a eso siempre respondo lo mismo: eso pasó con Escobar en Colombia. Muchos se deslumbraron con su manera de ser (…).  Muy pocos se daban cuenta de la gravedad de lo que había detrás de ese personaje inteligente y carismático. La mayoría de los que lo advirtieron murieron.

Así y todo, Escobar es una figura omnipresente en las redes sociales, es uno de los programas más vistos de Canal 9 con picos de casi 10 puntos en cada emisión, y una de las novelas más comentadas a pesar de estar en una “pantalla fría” (Canal 9 ocupa el cuarto lugar en la grilla, lejos de América que se ubica tercero), como es la del canal de la calle Dorrego. Y como si esto fuera poco, es usual escuchar en la calle cómo la muletilla “hágale nomás” (utilizada por Escobar para aprobar un homicidio) se hace presente en el vocabulario argentino.
Además durante el 2012, fue furor en Colombia durante el  álbum de figuritas de Pablo Escobar. El cual debía ser completado con imágenes de la vida real y también de la ficción emitida por la cadena Caracol, para luego ser intercambiado por premios como pelotas de básquet, memorias USB y iPods.

Álbum de figuritas de Pablo Escobar.

Álbum de figuritas de Pablo Escobar.

 

Narconovelas.

No hay mucho que resolver en esta ecuación. Las narco novelas, justamente eso: ficciones que relatan las vidas de protagonistas involucrados directamente en el mundo del narcotráfico, usualmente provenientes de Colombia. Algunas de las más exitosas son “El Cartel de los Sapos”, “Muñecas de la Mafia”, “El Capo”, “El Señor de los Cielos” y, naturalmente, “El Patrón del Mal”.

De acuerdo con el crítico de medios, Álvaro Lizarralde, el valor de la televisión Colombiana y las infames narconovelas, se computa en el público latino residente en Estados Unidos. Este sector en particular es uno de los que más consume este género televisivo. “Aunque sean latinos, muchas veces han perdido contacto con la realidad latina directamente. El único contacto que tienen con la realidad es a través de los medios.” Es por esto mismo que, para quienes estamos ajenos a la realidad latina, las narconovelas pueden resultar la única imagen del contexto social de una región en particular, con todo lo que eso implica.
Al respecto, Luis Benavidez, advierte que “el efecto para el público latino que no conoce Colombia, que no conoce México, es una imagen estereotipada de ese país y de la gente que vive en ese país”.
La amplia repercusión y consolidación en el público de “los malos”, los protagonistas de las narco novelas, tiene su fundamentos en que “cuando este tipo de personajes, a costa de lo que sea, sobrepasan todos los límites, de alguna forma tienen que ser vistos como héroes”, explica Lizarralde.

 

Las consecuencias.

A menudo, las narconovelas no hacen más que retratar un mundo oscuro y fascinante por su sordidez, alimentando el morbo colectivo y logrando así la fascinación del público, que ve a través de la televisión la legitimación de conductas delictivas.

A lo largo de la historia reciente de los medios masivos de comunicación, son muchas las voces que se han alzado en contra de la violencia en televisión. Algunos teólogos sostenían que la televisión tenía un poder desmesurado sobre el espectador, generando conductas por imitación y repetición, mientras que otros argumentaban que sólo reafirmaba conductas pre-existentes.

Hoy en día existe un consenso casi unánime sobre el rol legitimador de los medios, sobre todo la tv, frente a las conductas de las sociedades, en este caso explicado por la Revista Científica de Política y Sociedad, de la Universidad Complutense de Madrid.

“La violencia en televisión muestra patrones que son generalmente aceptados por la sociedad que los recibe. La emisión de un episodio de violencia o de una agresión está contextuada de tal manera que al espectador ya le llega valorada de forma positiva o negativa. Esta valoración conforma patrones de legitimación característicos.”

Este fenómeno de legitimación del mensaje, tiene su correlato en lo que se conoce como “realidad mediada”, el fenómeno por el cual las representaciones culturales de los medios masivos y su contenido en general, toman el espacio de representación simbólica que (puede en ocasiones), lograr tergiversar la idea de realidad por parte del espectador.

Estos dos componentes, en forma resumida y dicho en pocas palabras, hacen que lo que se ve en televisión, la violencia por ejemplo, “pierda peso” y sea percibido como parte de la cotidianeidad, del espacio simbólico de la sociedad. Siendo que, si el espectador promedio fuera testigo de sólo uno de los hechos violentos retratados en las narconovelas, se percepción de estos capos, no gozaría de tanta empatía.

 

En “El Patrón del Mal”, uno de los personajes principales es Marino, el alter ego de John Jairo “Popeye” Velázquez, el famoso sicario de Escobar, quien cuenta con 3000 personas ejecutadas en su haber. Al ser consultada por Noticias Mundo Fox, la psicóloga Maritza Acevedo, explicó que contrariamente a lo que sucede en la ficción con la simpatía del público, si alguien se encontrara en la calle con un criminal como Velázquez, “quien esté a su al rededor, probablemente va a sentir pánico y se va a desaparecer. Nadie va a querer estar al lado de un asesino del tamaño de Popeye.”

 

Evidentemente, “El Patrón del Mal”, como tantas otras producciones de televisión, lejos de generar el repudio colectivo, logran reafirmar la figura de “los malos”, al mostrarlos como hombres poderosos, líderes natos y exitosos. De hecho, la historia del cine y la tv, le han dado a la sociedad algunos de los malos “queribles” o venerados de los últimos años. Desde Vito Corleone y Tony Montana y hasta Tony Soprano y Walter “Heisenberg” White.
El fenómeno de los antihéroes en el cine y la tv no es para nada nuevo, pero la pseudo idolatría narco se encuentra en un límite peligroso, tan peligroso como Sinaloa, la cuna de la narcocultura.

 

Guillermo “Pepe” Sánchez, un reconocido director de teatro y guionista de televisión colombiano, dijo respecto de las narconovelas:

Examinar el fenómeno del narcotráfico, desde el punto de vista del rating, con el objetivo del rating, es sumamente peligroso. Se cae en omisiones, se cae en preferencias, hacia una cosa tendenciosa para que tenga más sintonía. Es una cosa totalmente comercial para enganchar a la gente, como los elementos más peligrosos. La de Pablo Escobar despertó euforia a través del tipo, se volvió un paradigma. No creo que esa sea una visión saludable.

Sofia D.

Sofia D.

Locutora, periodista.
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Sofia D.

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