El hastío contra el acoso, la violencia de género y la cosificación machista, alcanzaron su punto cúlmine en el #Tetazo. La manifestación condensó a activistas, curiosos y voyeurs. Retrato de lo que pasa cuando la teta no se vende.

 

Siete de la tarde. La hora señalada en Córdoba, dos horas más tarde que en Capital Federal, para que las mujeres nos hiciéramos del espacio público en tetas, para reclamar por igualdad y, sobre todo, en repudio al episodio de Necochea.  

Resulta que en pleno enero y a orillas del mar bonaerense, 3 pares de tetas tiraron más que un carro y convocaron a una docena de efectivos policiales, quienes amenazaron con prisión a las propietarias: 3 chicas sin maquillaje, algunas con el pelo corto o rapadas, sin varones a la vista. Esas tetas llevaron casi a la represión policial. Esas tetas eran “obscenas”.

El hecho en la ciudad balnearia se convertiría días más tarde (y redes sociales mediante), en un  hito en la historia del feminismo criollo, que llevó a que miles de mujeres salieran a la calle a poner el pecho.

Cerca de las 20hs, un tumulto de personas lograron cortaron Avenida Vélez Sarsfield, frente al Patio Olmos.“Mucho bombo y poca teta!” escuché decir a un chico que charlaba con un amigo, al pasar cerca de la manifestación. Señoras grandes entre risas infantiles, señores más grandes con el ceño fruncido y la infaltable nube de chorizos a la parrilla (el embutido fálico nacional) conformaban el tercer y último círculo, el exterior, de la multitud. En el núcleo, las tetas y sus dueñas. En el medio un vallado humano de varones sin remera, y mujeres vestidas, protegiendo a las de adentro.

Tetazo en Cordoba

La protesta en capas tenía razón de ser: a pocos metros unos cuántos varones intentaban escurrir sus celulares y robar una postal “porno”.

Una vez adentro, un mar de chicas en cuero y de banderas se erigían sobre el asfalto. Las consignas eran múltiples: justicia por Pepa Gaitán, libertad para Higui, aborto legal, en contra del ajuste y los despidos.

Tetazo en Cordona

 

Unidas y organizadas, las tetas, sus dueñas y los varones compañeros, se impusieron al atardecer. “Estamos decididos a pasar de la resistencia, a la propuesta y a la acción” arengó, megáfono en mano, una de las voceras. “Somos las mujeres feministas, las que estamos marcando el camino en la Argentina y en toda la región, resistiendo los planes del capitalismo que quiere imponer más ajuste, más sumisión y más opresión. Lejos de eso logran unirnos y que estemos hoy todos acá”, continuó.

A mis costados, mientras se enarbolaba el discurso de la teta, un grupo de chicas se enfrentaba con un hombre que transmitía el evento en vivo pero con un ánimo diferente: ellas lo vieron enfocar sólo tetas, y hacer chistes mirando el lente del celular. Él decía que no, que era periodista y que “si te vas a poner tetas no te quejes si te las miran.” Discusión y cánticos mediante, el “pajero” cortó la transmisión, mientras otros varones que sí entendieron la consigna, lo desterraban hacia el tercer círculo.

Es evidente entonces, que la teta es ahora un elemento disruptivo, inclusive en el contexto de una marcha en favor de la igualdad y contra la cosificación de la mujer.

Sucede que tal y como rezaban varios carteles, la teta que ofende es aquella que no vende. La que se exhibe pero no calienta al macho (porque hombre es otra cosa).

Tetazo en Cordoba

 

En Necochea, las tres pibas y sus tetas no calentaban. En San Isidro, en julio pasado, las tetas de la mamá que alimentó a su bebé en un banco, tampoco. La teta en función del placer del macho, ya sea en el porno, en alguna publicación matutina o adornando un auto o una bebida, no molesta. El escote de la promotora, la camisa translúcida de la secretaria, el bretel del corpiño de la colegiala, no molestan, calientan.

La teta es disruptiva cuando tiene dueña, cuando no es cosa, cuando desobedece. Cuando reclama el espacio público, gobernado por pitos que hacen pis en los árboles, que se exhiben en las plazas y que acosan en el subte. Y eso que teta no es igual a pito: lo segundo es genital.

Cuando la teta iguala, cuando la mujer se para en la misma vereda que el hombre, cuando se alcanza el espacio público sin miedo, cuando se muestra sin invitación al morbo, la teta es disruptiva. Es ahí cuando logra romper el consenso social no escrito, aquel donde lo femenino es recatado y lo masculino va y lo toma. Cuando somos iguales, al menos por un rato, cuando no somos cosas, rompemos con el discurso de opresión. Y justamente de eso se trata.

Tetazo en Cordoba

 

El #Tetazo, claro está, no va a cambiar el mundo. No va a alimentar a los hambrientos ni revertir el tarifazo o el calentamiento global, todas estas cosas “más importantes que mostrar las tetas” como escuché toda la semana y leí en todas mis redes.

El #Tetazo es una muestra del hartazgo, del cansancio, es un alto al maltrato diario, desde el piropo hasta la brecha salarial y  el femicidio (porque no hay violencia física si no hay simbólica).
El #Tetazo, es una invitación a nada más ni nada menos, que a ser simétricos. Es pararnos las mujeres desde un lugar de equidad, sin subalternidad ni subordinación.

 

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Sofia Delpueche

Locutora, periodista.
Soy Editora de este blog. Mirá mis videos en YouTube http://bit.ly/2ksJvOG
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