Este sábado 3 de Junio las mujeres volvemos a hacer nuestras las calles. A marchar nuevamente por Ni Una Menos, por nuestros derechos denegados y por la marcada falta de protección por parte del Estado. Porque lo personal es político.

 

A 2 años de la primera y masiva marcha de Ni Una Menos, este 3 de Junio las mujeres volvemos a transitar las calles por la misma causa: la violencia patriarcal. En lo que va del 2017, al 28/05 en Argentina se han registrado 133 femicidios a nivel nacional, lo que se traduce en que cada 26 horas un hombre mata a una mujer.

 

 

Según el informe realizado por la Organización MuMaLá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), el 86% de los femicidios fueron perpetrados por hombres del círculo íntimo y conocidos de la víctima. El 61% de ellos fueron cometidos en el interior de la vivienda.

Estos números, evidencian y exigen la necesidad de derribar todas aquellas creencias que aún persisten en torno a las relaciones dadas en el espacio privado y a la violencia de género, para que tomen estado público y por lo tanto sean susceptibles de políticas públicas efectivas.

 

Lo personal es político

Esta premisa surge del movimiento feminista estadounidense, Women´s Liberation Movement de mediados de los años 60s. A partir de las charlas que se daban en los grupos de concientización, las feministas de aquellos años pudieron identificar de sus experiencias personales que la discriminación, invisibilización y opresión soportadas en sus hogares, eran problemas compartidos y no asuntos individuales.

Tanto esas experiencias comunes de violencia tolerada, como los sentimientos de cada una de ellas, sus prácticas, pensamientos y relaciones, se hallan dentro de un armazón patriarcal que rige el modo de ser y relacionarse de todas.

 

 

Desde la manera en la que vestimos, nuestros gustos, formas de disfrutar de nuestra sexualidad, de relacionarnos con otras mujeres, con hombres, con otras personas, con nuestras parejas, con nuestro cuerpo, con la religión, todas estas conductas (y otras más) responden a la organización política, social, económica, religiosa y social patriarcal en la que nos desenvolvemos.

 

 

Entender a lo personal como político, parafraseando a Alda Facio, implica reconocer a todas las situaciones de discriminación, violencia y exclusión que padecemos las mujeres como un problema político, y no particular de cada una de las violentadas.

 

La vivencia individual de la desigualdad es parte de un sistema que deshumaniza a todas las mujeres. Alda Facio

 

Este “mantra feminista”, como llamó Mariela Arce a “lo personal es político”, supone entender a las relaciones humanas, modos de ser de mujeres y hombres como producto de un sistema patriarcal.

 

 

 

Violencia física como símbolo

Con la politización de las relaciones personales –familiares- se reconoce a la problemática de la violencia de género como un asunto de fondo que responde a la violencia estructural de la sociedad en la que vivimos.

Pero erradamente a través del discurso dominante y la legislación existente, a la violencia física se le da un valor de símbolo que indica la falta de derechos de libertad, respeto y capacidad de decisión que soportamos las mujeres, como señala María Jesús Izquierdo. Por lo que si se elimina ese símbolo, con medidas que apuntan exclusivamente a erradicar este tipo de manifestación de violencia, se estaría eliminando el indicador del problema e invisibilizando la desigualdad de las mujeres.

 

Esto conlleva el desconocimiento de los factores estructurales socioculturales que hacen a la violencia, qué es lo que genera que determinado sujeto agreda físicamente a una mujer, y negar otras formas de violentar a las mujeres. La violencia física es la expresión mayor de las violencias machistas, es la violencia materializada, su expresión final.

Los hombres violentos (maltratadores, acosadores, violadores y asesinos), quienes expresan la violencia símbolo son nada más ni nada menos que los perdedores del patriarcado, quienes manifiestan sus derrotas mediante agresiones a las mujeres.

 

Quien tiene poder y además se encuentra en una posición dominante, consigue el sometimiento sin necesidad de agredir. La agresión es la respuesta al miedo, la frustración, la urgencia, o el deseo de ser escuchado. María Jesús Izquierdo

 

Antes que ellos están: tu jefe, que te paga menos que tus compañeros varones por el hecho de ser mujer. Tu ginecólogo, que se niega a hacerte determinado estudio de control por tu orientación sexual. Tu vecino, que te explica cosas básicas que por tu género te ves impedida de comprender. La policía, que duda de tu denuncia porque seguro buscaste que te pasara. O el Estado que no solamente te deniega derechos, sino que te reprime y te detiene arbitrariamente por manifestar, o por defenderte de una violación correctiva por ser lesbiana, como le pasó a Higui.

 

 

Responsabilidad del Estado

Lo personal es político exige una respuesta urgente a nuestros reclamos. La desatención y el uso de la fuerza represiva contra nuestros pedidos de ayuda, es incurrir en violencia institucional. Es ser cómplice de quienes nos matan.
En los tiempos que corren no sólo tenemos que protegernos de los perdedores del patriarcado, sino del mismo Estado que nos castiga al negarnos y reprimirnos. Por lo que es necesario que nos unamos, que caminemos juntas, que nos abracemos al igual que a esta causa Ni Una Menos, porque “El machismo es el fascismo de entrecasa”.

 

Agostina Lanzillotta
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Agostina Lanzillotta

Abogada. Me interesa la perspectiva de género hasta en lx sopx.
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