Coincidió con la chica en el tranvía. Le hizo señas para bajarse en la misma parada. Ante la negativa, insistió empapelando la Ciudad de Murcia buscándola para invitarla a salir. Ella apareció y rechazó su invitación. ¿Romántico o acosador? Con este artículo trataremos de entender la visión de “los Sergios”.

 

 

El pasado 18 de abril un sujeto llamado Sergio Moreno empapeló la ciudad de Murcia con un llamativo cartel, en el que buscaba a una chica desconocida con la que había coincidido en el tranvía.

 

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“Querida chica del tranvía La noche del bando, sobre las 22.20 p.m., subiste al último vagón del tranvía en la parada de la Plaza Circular. Si mal no recuerdo ibas acompañada por unas chicas que parecían ser tus amigas (una de ellas pelirroja con el pelo ondulado). Ellas se bajaron en la parada de la Senda de Granda y tú ocupaste sus sitios. Me sorprendí a mí mismo en el momento en que me di cuenta de que no podía apartar mis ojos de ti. Tendrás sobre unos 20 años, pelo oscuro y corto. Vestías una camiseta blanca, la cual combinaba muy bien con tus leggins de color negro. Medirás 1,65 cm aproximadamente. Pude observar que no tuviste un buen fin de fiesta. Pero aún así estabas preciosa. Dicen que cada momento de búsqueda es un momento de encuentro (…) Me gustaría haber reunido el valor de sacarte del infierno que estabas pasando y alegrarte la noche. Ojalá te hubiera tendido mi mano. Sólo quería sacarte una sonrisa y llevarte a cenar. Te estoy buscando desde el momento en que te vi. Con la esperanza de encontrarte como una aguja en un pajar. Si lees esto y quieres conocerme aquí te dejo el número de teléfono (…)”

 

La leyenda en las hojas A4 expresaban lo que para Sergio era una inofensiva confesión de amor hacía la extraña a la que no se animó a hablarle, pero sí a observarla tan detenidamente que hasta pudo calcular su estatura, su edad, describir su vestimenta y aspecto físico, puntillosamente.

Numerosos medios se hicieron eco de la noticia alentando su búsqueda y solicitándole a la chica que aceptara salir con él. Otros, afortunadamente fueron críticos del mensaje.

 

 

Hace unos pocos días se conoció la respuesta de “la chica del tranvía”, la que utilizó el mismo medio que su no deseado pretendiente para comunicarse con él, “Tu declaración de amor es una declaración de acoso” (en lo particular: excelente respuesta).

Para algunxs fue acoso, para otrxs fue un acto de valentía principesco de un joven Sergio que no se dio por vencido ante la negativa inicial y decidió insistir por este prometedor flechazo (unilateral).

 

YOS OY LA CHICA

 

“Yo soy la chica del tranvía. Ojalá aquella noche del bando, sobre las 22.20 p.m. no me hubiera subido al último vagón del tranvía en la parada de la Plaza Circular (…) No me sorprendía que un extraño me mirara más de lo normal. No es la primera vez, pero nunca te acostumbras. Prestas atención a tu alrededor, valoras el riesgo de la situación, esperas que no se te acerque y cuando llegas a casa escribes a tus amigas para que sepan que estás bien. Que no te ha pasado nada. Que has sobrevivido (…) Sentí alivio cuando vi que ibas a bajarte. Pero no te detendrías ahí. No. Tuviste que insistir. Así que desvié la mirada mientras me hacías gestos ¡para que me bajara contigo! ¿Estás loco? Te ignoré. Te rechacé. ¿Qué esperabas? (…) Ahora toda Murcia está empapelada con tu declaración “de amor”, reclamándome para ti. Pero no es más que una declaración de acoso. No te has parado a pensar ni un segundo en mi (…)”

 

Lo que la mayoría no habla es sobre el mensaje dentro del mensaje, la violenta insistencia y la injustificada y humillante exposición. Por lo que este hecho nos sirve de disparador para analizar el ideal del amor romántico. Intentaré ponerme un ratito los zapatos de Sergio y explicar su visión del amor.

Es necesario saber que cada cultura tiene una diferente concepción del amor y de las relaciones de pareja. El amor, así entendido no es más que una construcción cultural y social.

Parafraseando a Coral Herrera Gómez, el romanticismo patriarcal es el ideal al que aspiran las parejas, como modelo cultural creado por teorías que legitiman esta estructura amorosa que se realza sobre cuatro pilares: dualidad, heterosexualidad, monogamia y fin reproductivo.

Con el fin de corresponder a este modelo se generan expectativas típicas de los roles de género en las parejas heterosexuales, como en las homosexuales –con la reproducción de roles-, que refuerzan estereotipos.

Del amor romántico se desprenden una serie de mitos que lo fortalecen y le dan la credibilidad suficiente para que las parejas lo sigan sosteniendo. Ellos son:

 

  • Mito de la princesa y el príncipe

La princesa está a la espera del príncipe salvador de una vida solitaria y llena de tristeza.

Coral Herrera Gómez describe estos estereotipos mitificados como: ella es débil, él es fuerte, ella es miedosa, él valiente, él es dominador, ella sumisa (…) Esta construcción crea un ideal imposible de alcanzar y por ende de derribar, lo que genera una profunda frustración al enamorarse y desenamorarse. No todxs somos y respondemos de una única forma. Con este mito se restringe la libertad de reinventarse de cada unx, de vincularse.

 

  • Mito de la complementariedad (o de la media naranja)

Según Diana Maffía, implica la incompletitud de la mujer hasta que halla una pareja, o se halla en una pareja. Su realización depende de encontrar unx otrx.

La mujer no puede por sí sola, es por ello que acude a unx otrx para que la complemente, generando una relación de dependencia.

 

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  • Mito de la exclusividad

Extensión del mito de la complementariedad. Al encontrar a la “media naranja” o “príncipe azul”, se alcanza la total satisfacción solamente a través de esx sujetx.

Con la pareja amorosa la mujer debe satisfacer sus inquietudes, sus deseos, sus pasatiempos, generando evidentemente una frustración en ella, como señala Diana Maffía.

 

  • Mito de la fidelidad

Sostiene la creencia de que todo tipo de deseo sexual debe ser satisfecho con la propia pareja. El ideal de amor romántico sostiene el fin reproductivo de la pareja, por lo que resulta irracional concebir la libertad sexual, prácticas sexuales contrarias al fin.

 

  • Mito de la eternidad (o de la pasión eterna)

Pretende que el enamoramiento y la pasión de los primeros meses perdure toda la relación.

 

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  • Mito del matrimonio (o convivencia)

Con este mito se infiere que el fin único de las relaciones amorosas es la conyugalidad, o la convivencia. La institucionalización del amor, según Diana Maffía, como forma de conformación de un núcleo de consumo y reproducción en la unidad familiar.

 

  • Mito de la omnipotencia

A través de la falsa creencia de que “el amor todo lo puede” se hunde a la pareja en una fe ciega a esta especie de amor mágico, sometiéndolxs a sacrificios por permanecer juntxs.

 

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  • Mito del libre albedrío

Con este mito se sostiene que los sentimientos amorosos son puramente íntimos. Que somos seres completamente aislados e impermeables, y que nuestra voluntad no se ve influenciada por factores sociales, culturales y biológicos.

 

  • Mito del emparejamiento

El modo de estar en pareja como algo natural, ordenado por la naturaleza. Por descarte lo antinatural es el estar solx.

 

 

“La mitificación del amor romántico en nuestra cultura patriarcal  ha tenido muchas más consecuencias para las mujeres que para los hombres, porque ha logrado, a través de los relatos, seducirnos con la idea de que lograr el amor de un hombre es el único modo de alcanzar la felicidad”.

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Lo que alarma es que para lxs Sergios que andan dando vueltas, valga más la conducta esperable de la mujer, lo que ellxs consideran como lo que la mujer realmente desea, que la inequívoca expresión de su firme voluntad. La desatención al NO es NO.

 

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La desigualdad de género se concreta en el relato del viaje de la chica del tranvía. La mujer no es capaz de decidir por ella misma, ella está a la espera de que unx sujetx azul la rescate de su supuesta tristeza, que le saque una sonrisa o que la invite a cenar. Que empapele la ciudad en su búsqueda y que insista a través de los medios con su necia invitación.

Sergios del mundo: más allá de las historias de Disney, esto es acoso.

La reiteración de conductas hostigantes que atentan contra el sentimiento de seguridad de una persona, alterando su cotidianeidad y limitando su libertad, es acoso, y es un delito.

 

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Si es tan legítimo su sentimiento ¿no es más adecuado acercarse y esperar por una respuesta? Darle el lugar a la otra personas a aceptar o rechazar la invitación respetando su decisión. Tratarla como a una igual, con respeto.

¿Ustedes qué opinan?

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Abogada. Me interesa la perspectiva de género hasta en lx sopx.
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